El día de ayer el Gobierno de Chile tun-tutún nos sorprendió con la noticia de que se volverá a implementar el horario de invierno (UTC -4) este año, entre el 14 de mayo y el 13 de agosto, pese a que se había tomado la determinación de que el horario de verano (UTC -3) estaría de forma permanente hasta el 2017.

No, no nos vamos a meter en el análisis político de que si es correcta la medida o no y qué beneficios o perjuicios puede tener, porque no somos ToleranciaOcho. Veámoslo por otro lado.

Hace 15 o 20 años, el cambio de hora no era mucho problema para la gente común, porque nada más que había que ajustar el reloj de muñeca o el de la pared. Girar una perilla y nada más. Ahora, en el 2016, estamos llenos de aparatos digitales tecnológicos que habrán de ser adecuados: Que el computador, que el teléfono, que la tablet, que la tele, que el auto, que el reloj, que el water… Y quizá cuántos otros.

¿Qué horas son, corazón?

¿Qué horas son, corazón?

O quizá le estoy dando mucho color y no sea tanto, puede que incluso alguien encuentre hasta divertido cambiar la hora, pero ¿Alguien quiere pensar en los pobres informáticos? Ya deben estar pensando en los parches y actualizaciones que van a tener que sacar, porque primero tuvieron que acortar el horario de invierno, el año pasado tuvieron que quitarlo, y ahora van a tener que volver a reponerlo para que el próximo año lo vuelvan a modificar.

En fin, sólo estén atentos al sábado 14 de mayo, que tendremos que atrasar una hora los relojes. Igual, seguro que un montón el lunes siguiente se va a quedar dormido por culpa del carrete intenso del fin de semana de no cambiar la hora.

Queda advertido: Ajuste su reloj, y evite andar dando la hora.