Corría la Mobile World Congress del 2016, y la surcoreana LG abre los fuegos con lanzamientos importantes, anunciando el nuevo LG G5, su top de línea, que traía hartas cosas novedosas: equipo modular, 4GB de RAM, procesador Snapdragon 820, 32Gb de memoria interna, batería removible de 2800mAh, y la posibilidad de utilizar los LG Friends, distintos accesorios que aumentaban las funcionalidades del teléfono mismo: cámara adicional con batería extra, una cámara en 360° que rodaba por la casa, audífonos, parlantes bluetooth, y sus propios lentes de realidad virtual.

Pero, a pesar de “lo bonito”, habían cosas que no cuadraban: antes de la presentación oficial, se había filtrado una variante del mismo equipo, pero con procesador Qualcomm Snapdragon 652, limitado en prestaciones (sobre todo, en temas gráficos). Nadie sabía nada, hasta que trascendió que esta versión sería la que llegaría a Latinoamérica: 3GB de RAM, sin video en 2K y… sin la posibilidad de utilizar los lentes de realidad virtual.

¿Qué clase de lentes de celofán son estos?

La cara de muchos que se entusiasmaron con el teléfono modular quedó más larga que la mesa Té Club. ¿La explicación? Que el consumidor latinoamericano busca otras cosas en un teléfono, como mejores cámaras, que la realidad virtual no es del interés general (entonces, por qué a Samsung se le agotó el stock del VR en Chile?) y los operadores piden algo que puedan vender fácilmente, aunque se sacrifiquen las especificaciones y el rendimiento del producto.

Producto del revuelo causado, LG tuvo que salir a dar explicaciones, diciendo que aún no se decidía que versión traer a nuestro país, y que todo dependía de la negociación con las empresas de telefonía, de acuerdo a las necesidades de cada mercado.

Al final, la surcoreana terminó reconociendo que, para este lado del mundo (junto con China e India), llegaría una edición capada del modelo, la que fue bautizada como LG G5 SE. Lo que es un misterio es su precio, para poder saber si valió la pena en sacrificar en especificaciones para meter el equipo masivamente en el mercado.

HTC 10

HTC 10, bonito pero no para LATAM

En las últimos días, la taiwanesa HTC lanzó su joyita, y su esperanza para meterse de lleno a la pelea de los gama alta: el HTC 10. Un equipo con todo lo que podemos esperar: Snapdragon 820, 4GB de RAM, 32GB y 64GB de memoria (expandibles a 200GB con tarjetas Micro SD), cámaras de 12 y 5mpx, puerto USB 3.1 de tipo C, LTE categoría 9 (450Mbps de bajada, 50Mbps de subida), todas las especificaciones que lo hacen pasar como un teléfono gama alta. Pero, los asiáticos nos preparaban otra sorpresa: una variante del mismo equipo, el HTC 10 Lifestyle: Snapdragon 652, 3GB de RAM, puerto USB 2.0 tipo C, LTE categoría 6 (300Mbps/50Mbps) y con 32GB de memoria (+MicroSD de 200GB como máximo), versión especialmente diseñada para mercados “emergentes”, como India y… LATINOAMÉRICA.

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En diciembre de 2014, Samsung presentaba sus nuevos teléfonos unibody (o sea, sin batería desmontable), la nueva serie Galaxy A. Teléfonos completamente metálicos, con cámara frontal de 5 megapixeles, diseño elegante, y varias novedades, que serían la antesala de lo que se venía con el Galaxy S6. En gran parte del mundo, se lanzaron los modelos Galaxy A3, de 4,5” y A5 de 5”. En el caso del primero, este venía con 1,5GB de RAM, cámaras de 5 y 8 megapixeles, procesador Snapdragon 410, compatibilidad con los smartwatches Gear… pero sólo para Europa y Australia. Al resto del planeta (exceptuando EEUU, donde no llegó la línea), le tiraron la versión con 1GB de RAM, compatible con nada, con sistema operativo capado. Un lindo teléfono con potentes cámaras, pero que era un equipo de gama media cayéndose a la gama baja.

En estos tres ejemplos, existe un denominador común: equipos con buenas especificaciones, pero sólo para el Primer Mundo ¿Y qué pasa con el resto?

La principal justificación es el costo: en países no tan ricos, abaratamos equipos, tratamos de lograr una mayor cuota de mercado, mejor penetración y todos felices. Pero, dicho análisis simplista omite un detalle esencial: en estos países, la exigencia por buenos dispositivos, full equipo, es cada vez mayor. No por nada, la venta de estos productos a través de internet, importándolos vía Amazon o eBay se ha disparado los últimos años, principalmente porque en Estados Unidos y Europa están estos modelos full equipo, y sin personalizaciones o mutilación de funciones. Además, hay que considerar también que la globalización contribuyó a acortar las brechas en cuanto a información, por lo cual, en Brasil se van a enterar igual que el modelo de un teléfono X es de inferiores características que el mismo modelo vendido en Inglaterra, y peor aún, que el precio podría ser exactamente el mismo en ambos países.

Aunque hay que reconocer que algunas marcas están enmendando el rumbo: Samsung lanzó su Galaxy S7 en dos versiones, diferenciando procesadores sin sacrificar rendimiento (Snapdragon 820 para Estados Unidos y China, Exynos 8890 para el resto del mundo, incluyendo Corea, la casa matriz), y sólo existiendo diferencia entre modelos por bandas de telefonía compatibles. Lo mismo con Apple, que, a pesar de que no es del gusto de gran parte del equipo de 8Gigas, tiene la ventaja que no realiza estas disminuciones en hardware de acuerdo al mercado, y sólo aplica diferenciación en el caso de las frecuencias de 3G y 4G.

Algunas marcas todavía tienen una visión comercial sesgada de nuestro continente. No al punto de pensar que debajo de Estados Unidos todos andamos colgados de los árboles y comiendo bananas, pero sí en el sentido de vendernos jurel tipo salmón, con respecto a smartphones.