Hace un tiempo me venía arrastrando un problema del que apenas era consciente, pero un día viendo en youtube un tutorial para reemplazar la tarjeta de wifi de mi computador, me di cuenta que el tipo ocupaba mi mismo PC, incluso, con menos memoria RAM,  le andaba como mil veces mejor que el mío.

Como yo estaba tan acostumbrado a que este tarro, que dista de ser considerado viejo, anduviese como carreta tirada por tortugas, lo que yo consideraba como normal y rápido, estaba bastante-bastante lejos de lo que el tipo en ese video realizaba con su equipo.

¿Seré yo, señor? Bueno, sí, Casi.

Sí, probablemente el asunto era “problema de capa 8″, así que procedí a hacer lo que cualquier computín promedio hace en estos casos: formatear el PC. Si bien me anduvo levemente más “liviano” , la velocidad no era ni porsiacaso parecida a la que este tipo mostraba, así que me cercioré que ningún componente de mi equipo estuviese funcionando mal, pero nada, todo estaba impeque. Entonces, llegué a esa conclusión que muchas veces hemos llegado la mayoría de nosotros, consciente e inconscientemente: Estoy en el tope de funcionamiento de mi equipo.

¿Qué significa esto? Que nuestro PC/Notebook/Mac respecto a nuestro uso, sea leve, moderado o pesado, ha alcanzado su límite óptimo de respuesta, es decir, ya no lo “sentimos” tan rápido como antes y en pequeños -y a veces no tan pequeños- detalles, nos parece derechamente lento. Y a la vez, nos enfrentamos a la terrible decisión que todo ser humano ha tenido alguna vez que preguntarse: Para alcanzar el rendimiento que necesito, ¿le pongo más cosas o compro uno nuevo?

¿Lo actualizo o lo cambio?

Actualmente los notebooks y tablets son muchísimo más populares que los PC estacionarios, y actualizar un equipo es una cosa un tanto limitada. Es imposible considerar cambiar el procesador, ya que vienen unidos a la placa junto con la memoria gráfica (o “tarjeta de video”), e incluso, varios traen la Memoria RAM soldada a la misma (a ti te hablo Apple) o en el mejor de los casos, se puede sacar y reemplazar, pero olvídate de tener un slot adicional para agregarle más sin botar la otra memoria. Así que el reemplazo o actualización en estos equipos se queda, en muchos casos, a sólo reemplazar el disco duro. Mucha gente en esta situación simplemente termina cambiando de equipo y covirtiendo el otro  en “Máquina de Piolines y cadenas de Facebook”, que es ese evento mágico que sucede al regalárselo a la mamá o una tía.

En mi caso, al tener un computador estacionario, la respuesta era la más fácil: actualizarlo. Pero para qué si tengo un i5, 12gb de RAM y una NVidia GeForce GT 720.  Y en todo caso, no quiero tener que meterle ni un peso más a este computador si no se echa a perder, así que en definitiva, me puse a pensar y buscar el update más barato y práctico que podría tener: Un nuevo disco duro, pero diferente.

“¡Pero si ya tienes dos, mamerto! Y con harto espacio libre”

Y sí, es verdad, y eso es lo que todos pensamos, y por donde comienzan nuestros errores: creemos que el disco duro es sólo para guardar cosas y pasamos por alto la forma y velocidad como lo hace. Así que, como estoy cesante no tengo un peso pero igual quería probar algo distinto, hablamos con los capos de Western Digital para ver qué nos ofrecían para mejorar nuestra vida y nos mandaron para probar un increíble Disco Duro SSD de 1 TB, de su línea Blue™.

“A ver, pará un cachito: ¿qué tanto color le ponís si es un disco duro no más?”

Es y no es, usted me entiende. Es un disco duro, pero su tecnología es totalmente distinta. Si a esta altura no conoces o no sabes cómo funciona un disco duro SSD, es porque vives bajo una piedra, pero por lo mismo, te lo explico brevísimamente: Los discos duros tradicionales funcionan internamente igual que un tocadiscos: tienen discos como vinilos pero en versión enanística dentro de ellos, un brazo que mueve una aguja que lee cada “surco” del disco y un motor que hace girar estos platillos llenos de datos. A más rápido sea el motor, más veloz es la lectura y escritura en el disco. Normalmente, los discos duros tradicionales rondan en las 7.200 revoluciones por minuto (RPM), y aunque hay excepciones bastante caras por lo demás, la velocidad a lo más la duplican.

¿Qué hace entonces un SSD? El SSD (O disco de estado sólido, como es su nombre completo) no tiene nada de eso dentro. De hecho, nada mecánico dentro; es completamente digital y almacena los datos tal cual lo hace un pendrive, pero a velocidades increíblemente superiores, ya que no depende de ningún mecanismo físico para leer y escribir bytes. Lo hace todo casi de manera instantánea, sin movimiento de por medio.

Físicamente es más pequeño, muchísimo más liviano que uno convencional (y que uno normal de notebook, que mide lo mismo) y no genera prácticamente nada de calor ni ruido.

Ya, mucha cháchara. Vamos a los testeos

Las características del equipo en cuestión que ocupé para testear los discos son las siguientes

Partiré explicando que ambos discos están en igualdad de condiciones respecto a su software: cloné completamente el disco duro “normal” (le llamaré así al disco duro antiguo que vengo usando) al disco SSD; es decir, copié idénticamente el disco en su totalidad, posibles pifias incluidas, para que compitieran en los mismos términos. Las únicas diferencias que existen son los íconos del escritorio y el orden de estos. Lo demás, son totalmente idénticos.

Con el programa IsMyHdOK, medí la velocidad de lectura y escritura de los discos duros antes de probarlos in situ.

Disco normal

El peak de lectura es de 150,19 MB/s y de escritura es de 92,16 MB/s, como muestran los primeros dos valores. Eso en un disco duro normal y promedio del mercado.

Disco SSD

Sí compañer@s: el SSD promete leer y escribir al menos, 3 veces más rápido que un disco convencional, según este test. Claramente se ven los peaks de lectura de 500 MB/s y 328 MB/s en escritura de cada uno de ellos y si desde ya les sorprenden las diferencias en números, esperen a ver la the real diferencia en aplicación.

Test de partida

El test de partida es muy sencillo. Se trata de empezar a contar desde que aparece el logo de la BIOS, en este caso DELL, hasta que termine de realizar las siguientes acciones básicas:

  • Login con pin a mi sesión
  • Abrir Firefox y que cargue la página de inicio
  • Abrir Adobe Photoshop y crear un elemento nuevo
  • Abrir Adobe Premiere y crear un nuevo proyecto

La idea es ver cuanto demora el disco normal vs el SSD, esperando que cada uno de los procesos antes mencionados se abran y estén listos para ser ocupados antes de abrir el otro programa.

El logo de cada programa aparece cuando se le hace click en el acceso directo.

Test de Inicio – Disco Duro Normal (velocidad aumentada x3)

Mi día comenzaba así: 6 minutos y 40 segundos para poder empezar a trabajar. Puede considerarse normal y soportable para muchos sin duda, y de hecho, ese fue el rendimiento que mi PC alcanzó una vez lo formateé y dejé impecable en cuanto a software con los programas respectivos.

Ahora el video de la verdad. El SSD bajo el mismo trato.

Test de inicio – SSD (Velocidad Normal)

¿¡Vieron eso!? ¡El tiempo se redujo a sólo 56 segundos! Mismos procesos. Mismo computador. Mismo simio tras el teclado, ¡a sólo una décima parte del tiempo! La primera vez que lo experimenté casi no la podía creer. Luego fue facilísimo acostumbrarme (o mal acostumbrarme) a esta velocidad y rendimiento.

Sin bromear, el nuevo disco SSD le dio un nuevo aire a mi computador, que digámoslo, no estaba para nada mal, pero personalmente, ya lo sentía más pesado que pagar el CAE con deuda pendiente.

Pero eso fue sólo la punta del iceberg.

La transmisión interna de datos sigue siendo superior.

La otra prueba a la que sometí el SSD vs el GoodOld Disco Duro, fue copiar una pesada (pero ni tan) carpeta de fotos, dentro del mismo disco a una nueva partición; es decir, el disco copiando datos a otro sector. Todos sabemos que hay 2 cosas que estresan a los discos duros: los datos grandes grandes y muchos muchos pequeños. En este caso, hay una extraña mezcla de los 2 en más o menos 150 Gigas de información.

Los resultados son los siguientes.

Disco Duro normal:

Si bien todos sabemos que no hay que confiar en los tiempos estimados que da Windows, igualmente he hecho el test viendo si se condice el tiempo con lo que realmente sucede.

En el caso de nuestro disco tradicional, alcanzó a ratos peaks de 100 mb/s y un poco más, sin embargo, el tiempo estimado que entregó en un principio (40 minutos) vs el final, variaron a favor del Disco, ya que tomó “sólo” 35 minutos en completar la misión.

Disco SSD:

En el caso del SSD, Windows estimó una duración de 17 minutos para la labor completa, sin embargo, al alcanzar peaks de 260 mb/s, es decir, sin ocupar su capacidad y velocidad total de escritura, el tiempo fue mucho más corto: sólo 11 minutos en total.

Conclusiones: Cómprate un SSD ahora ya!

No hay que ser el mismísimo Albert Einstein para darse cuenta de las ventajas abrumadoras que hay de usar un SSD sobre un disco duro convencional. Es tan grande la diferencia que pronto, si es que no ahora mismo, será/es el nuevo estándar de velocidad en los computadores personales, laptops y estacionarios, dado que la performance que entrega va muy acorde a las reales necesidades que tenemos hoy por hoy. Más aún si usted trabaja con su computador y necesita sacarle el jugo. Además, cuenta con la gran ventaja que sus fallas son mínimas comparadas con los discos duros convencionales, donde hay que persignarse varias veces y rogar al cielo para que los datos sigan en su lugar después de que el note se pegue un porrazo de la cama al suelo por quedarse viendo netflix antes de dormir. Que levante la mano al que no le ha pasado.

Si pudiese resumir todo esta grata experiencia, diría que es igualita a lo que sentí la primera vez que pasé de conectarme a internet con 56 kbps a ocupar banda ancha de 10mbps. Un salto astronómico y que no tiene vuelta atrás.

Así que, antes de botar ese computador que tienes por ahí dando la cacha y le quieres dar una oportunidad en honor a los grandes momentos que vivieron juntos en modo navegación privada, haz la prueba, compra un SSD Western Digital (el que te alcance), y ve el rendimiento que tiene antes de decidir si darle una nueva oportunidad o definitivamente pasarlo a las fuerzas de las cadenas y memes de la 3era edad. O si quieres que tu actual compu vuele y mejore su rendimiento, dale, prueba con uno y notarás una diferencia abismante. La inversión, de todas maneras, valdrá la pena.

Por ahora, sólo nos queda agradecerle a Western Digital por la gestión buena onda, y de pasaíta, a ver si nos tiran una sorpresita para sortearla entre ustedes. Digo, si ya tomamos la mano, ¿qué nos cuesta intentar agarrar el codo?

El SSD Western Digital Blue de 1TB puede ser encontrado por CLP$250.000 en el mercado chileno. Pero ojo, este es el WD Blue de 1TB: Existen versiones de menor capacidad, como el WD Green de 240GB que cuesta menos de $100.000.