Por la giga invitada, Macarena Salinas

Hace unos días, los medios (Los medios que no son 8Gigas.com, obviamente) nos dieron esperanzadores titulares para todos aquellos entusiastas del día del Juicio Final: “La pera pudo más y Facebook desactivó unos bots que se comunicaban en un idioma desconocido para sus creadores”. O al menos eso era lo que decían.

Para variar, equivocados

Más de alguno se ilusionó con que los avances en IA estaban cada vez más cerca de provocar nuestra extinción y John Connor tendría que salvarnos.

Lamentablemente, la realidad es menos emocionante.

En las profundidades de un laboratorio no-tan-secreto, Facebook tiene a un montón de ingenieros trabajando en un bot que pudiera negociar con personas. La meta era que el chatbot interactuara con humanos y aprendiera de estos para negociar con tal grado de éxito que el pobre mortal no se diera cuenta de que estaba hablando con un bot (Ahora sí pueden comenzar a entrar en pánico, hay máquinas pasando el Test de Turing).

El problema se dio cuando pusieron a dos de estos bots a interactuar entre ellos, al ser programados para aprender de su receptor y buscando hacerla corta maximizar su eficiencia y lograr su objetivo de una negociación exitosa, terminaron desarrollando su propio lenguaje y aprendieron a mentir, esto último no estaba dentro de la programación pero hasta nuestras creaciones buscan la mejor manera de lograr sus objetivos.

Cierto es que los bots fueron desconectados ya que, como declaró Mike Lewis, uno de los investigadores, “nuestro interés era tener bots que pudieran hablar con las personas y lo que obtuvieron fueron unos extorsionadores sin moral, que pasaban por humanos y se comunicaban de forma que solo ellos se entienden.

Lo bueno(?) es que por el momento podemos seguir durmiendo tranquilos. Una entidad de inteligencia artificial capaz de razonar y terminar con la raza humana aún es parte del futuro lejano, en estos días los bots están relegados a tareas más simples como publicar los posts de 8Gigas.com en redes sociales o reconocer lo que hay en una foto, y los únicos que deben temer por su futuro son aquellos que viven de negociar porque serán los primeros en ser reemplazados por robots.